¿Por qué hacer ilustraciones botánicas a tinta en el siglo XXI?

Post de: Román García, docente del curso online «Ilustra botánica»

La ilustración botánica tiene una tradición centenaria y el lenguaje visual de las primeras ilustraciones, marcado por las técnicas de reproducción antiguas, se ha perpetuado en el tiempo hasta convertirse en una convención.

El año pasado terminé mis últimas láminas para el proyecto Flora Iberica, y eso significó trabajo de tinta intensivo. El dibujo de tinta es una de las formas de expresión más complejas en ilustración científica. Es una abstracción de la realidad, más cercana a la escritura que a otros medios gráficos. Representar volumen y texturas sólo con la tinta negra, exige un gran esfuerzo de síntesis y de control de la línea y las tramas de sombreado. Si se mantiene en uso en nuestros días es porque se ha convertido en un estándar en la ilustración científica, algo heredado de la tradición de esta profesión.

Desde el origen de la botánica, sus descripciones han estado acompañadas de elaboradas ilustraciones. En esos inicios, las técnicas de reproducción eran muy limitadas. Publicar libros era caro y aún más si incluían ilustraciones para las que se recurría a técnicas de reproducción como el grabado y la litografía. La mayoría de las ediciones contenían grabados a una tinta y sólo en las ediciones más lujosas esos grabados se iluminaban con acuarelas para dar color a la obra.

Pero ¿qué sentido tiene mantener ese lenguaje visual en nuestros días, con tantos medios de reproducción a nuestro alcance? ¿Por qué seguir limitando nuestro trabajo a un sólo color, cuando podemos usar tantas técnicas diferentes para dotar de color a nuestro trabajo? La primera razón es que un dibujo a tinta es más que suficiente para transmitir la información morfológica verdaderamente importante para describir una planta. Un buen dibujo a tinta de una pieza muestra claramente su morfología sin que otros elementos oculten o distraigan la atención sobre lo realmente relevante. El color es un carácter muy variable dentro de una especie, no sólo entre individuos sino que incluso varía en diferentes fases del ciclo de vida de la planta. Además, la reproducción precisa de los colores es un quebradero de cabeza aún en nuestros días. Cada imprenta o cada monitor ofrecerá matices diferentes de color, muy sutiles, pero suficientes como para llevar a interpretaciones erróneas del material. A nivel práctico, el manejo de ilustraciones a tinta sigue siendo la opción más universal. En cualquier centro del mundo puede imprimirse y fotocopiarse una lámina de tinta para estudiar el material biológico. Reproducir adecuadamente en una impresora de oficina imágenes en color o en blanco y negro, por ejemplo, elaboradas con grafito, requiere de un calibrado de la máquina y una puesta a punto continua que no siempre es posible. Como resultado, acabamos trabajando con imágenes de mala calidad, con tonos ennegrecidos o colores poco precisos. A esta posibilidad de una reproducción fácil, universal y barata, se une algo que muchas veces se nos pasa por alto: la accesibilidad. ¿Cómo ofrecemos una herramienta visual eficaz para las personas con ceguera del color? La respuesta es eliminando el color, a través del esfuerzo para representar la morfología de la planta a través de un trabajo monocromático.

Asumiendo que un dibujo a tinta tiene las ventajas que acabamos de ver, es cierto que en nuestros días se pueden conseguir ilustraciones semejantes sin todas las limitaciones e inconvenientes técnicos de la tinta tradicional. El uso de herramientas digitales facilita el control del grosor de la línea, facilita las tareas de punteado y permite hacer correcciones imposibles con el medio tradicional. Es por eso que muchos ilustradores estamos moviéndonos en la dirección de conservar este lenguaje de línea y punteado, empleando medios digitales para conseguir un mejor resultado.

El proyecto Flora Ibérica se inició en los años 80 cuando aún existían muchas limitaciones para reproducir imágenes en los libros. Como resultado todas las láminas se han elaborado con tinta sobre papel de poliéster y para mantener la consistencia en el catálogo se siguen entregando láminas tradicionales en lugar de archivos digitales como se podría hacer en la actualidad. Una vez que se terminado este proyecto, esas limitaciones también acabaron. Por eso estoy investigando nuevos lenguajes visuales para desarrollar en medios digitales y conseguir mejores resultados.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *