Cómo llevar a cabo un proceso de documentación riguroso en tus proyectos de ilustración científica y los beneficios de aplicarlo en un proyecto

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Post de: Román García, docente de Illustra Infografía

Siempre que puedo, me gusta trabajar con música o con alguna película de fondo. Me ayuda a concentrarme y a meterme en el tema de mis ilustraciones. En un proyecto en concreto, me acompañó muchas veces la película Master and Commander. Ya era una de mis películas favoritas, pero después de esta experiencia he podido apreciar el gran trabajo de documentación que se hizo para plasmar este mundo en la pantalla. Cuando el agotamiento me empujaba a ahorrarme algún detalle, porque total nadie se va a dar cuenta de este detalle tan pequeño, siempre me decía: si lo hicieron en la película, yo no puedo dejarlo pasar.

En este post te voy a hablar de ese proyecto y de cómo trabajé en el proceso de documentación, haciendo que el encargo pasara de ser ser un pequeño proyecto de 2 imágenes a tener casi 200 y en el que la editorial para la que trabajaba decidió primar la calidad sobre la prisa (lo que a todos nos gustaría, vaya).

Desarrollar las ilustraciones para “HISTORIA DE UN TRIUNFO, La Armada Española en el Siglo XVIII” ha sido una de las experiencias profesionales más enriquecedoras y especiales de mi carrera.

Dentro de muchos años, cuando la gente me pregunte qué fue lo que hice durante la pandemia del Covid19, responderé dos cosas: nació mi primer hijo y trabajé en las ilustraciones para el libro de la Armada. Este proyecto siempre será especial para mi, no solo porque coincidiera con una situación tan extraordinaria como la pandemia, y con algo tan especial como el nacimiento de un hijo, sino porque supuso adentrarme en un mundo apasionante y totalmente desconocido para mi. En el proceso confirmé el insustituible valor de las imágenes, no sólo para transmitir el conocimiento, sino también para aprender cosas nuevas.

A finales de 2019, la editorial Desperta Ferro me propuso crear dos ilustraciones para un nuevo libro que estaba desarrollando. Ya había trabajado varias veces con ellos para ilustrar artículos de varias de sus revistas y confiaron en mi para resolver dos ilustraciones para el libro: un Cut-away de un navío de 74 cañones y una vista aérea del Arsenal de Cartagena. Ya había hecho cosas semenjantes con ellos, un corte de la carabela la Niña y una vista aérea de Pompeya antes de su destrucción, por lo que ya tenía una idea de cómo hacer frente al trabajo.

Trabajar con un cliente como Desperta Ferro es una gozada. Con cada nuevo proyecto aportan un dossier completo y ordenado con la información necesaria para desarrollar las ilustraciones. Esta recopilación de información la hacen en colaboración con los expertos que escriben los textos y con el esfuerzo necesario para conseguir todas las imágenes relevantes, de todas las fuentes disponibles. Para este proyecto se solicitaron los planos históricos usados para la construcción tanto del navío, como del propio Arsenal. Es decir, trabajábamos sobre los planos del siglo XVIII conservados en los archivos estatales del Ministerio de Cultura, los mismos que vio en su día el rey para aprobar la construcción de ambas estructuras. Además, aquellos detalles que no se reflejaban en esos planos se intentaron buscar en otras fuentes históricas o en construcciones semejantes del mismo periodo. Sólo después de este exhaustivo proceso de documentación comenzó el desarrollo de las ilustraciones.

Usando estos planos comencé la tarea de crear modelos en 3D de todos los elementos, cubierta por cubierta, edificio por edificio. El proceso es laborioso pero al final el resultado es un modelo virtual que podemos visualizar desde diferentes puntos de vista, iluminar a nuestro antojo y sobre todo cortar y modificar sus elementos para revelar la estructura interior.

En este tipo de trabajos de modelado la mejor manera de organizar el trabajo es haciendo primero un bloqueo de las formas básicas. En el caso de los edificios del arsenal por ejemplo, partiendo de simples prismas con la orientación y las medidas del edificio. Después se pueden extraer estas formas básicas de la composición general para trabajar en los detalles con más comodidad.

Después de varias semanas de trabajo, interrumpidas por confinamientos y permisos de paternidad, envié las primeras versiones para revisar el progreso. Ya os hablé en otra newsletter de la pila de correcciones que recibí como feedback, fruto de mi desconocimiento en la materia y de la falta de algunas referencias que me ayudarán a comprender lo que estaba haciendo.

Pero visto con el paso del tiempo, lo más relevante de aquellas sesiones de correcciones fue que tanto los editores como el autor se dieron cuenta de las inmensas posibilidades de aquellos modelos tridimensionales para describir visualmente sujetos complejos. En las videoconferencias que hicimos en aquellos meses, se quedaron impresionados al ver los modelos en el espacio tridimensional virtual y como se podía ver el navío desde cualquier punto de vista o ir retirando parte del casco para ver el interior de las cubiertas. Simplemente desconocían que algo así fuera posible aunque, al menos en la editorial, ya sabían que iba a trabajar en 3D desde el principio.

De esta forma el encargo pasó de las dos ilustraciones originales hasta un total de casi 200 imágenes aprovechando el detalle de los modelos en 3D. Por supuesto, una gran parte de estas imágenes se solucionaron sin aplicar color, con un render sencillo de los modelos y sólo 7 de las 189 imágenes entregadas necesitaron color y textura adicional.

Cuando el proyecto creció de esta manera hubo dos efectos inmediatos. En primer lugar, hubo que modificar los plazos de entrega hasta en tres ocasiones. Por suerte la editorial primó la calidad del trabajo antes que cumplir sus previsiones de publicación, lo cual es digno de admiración. En segundo lugar, fue necesario un trabajo mucho más profundo para documentar hasta el más mínimo detalle. A medida que iba modelando nuevas partes del navío surgían nuevas dudas. Así un par de veces por semana escribía al autor pidiendo referencias nuevas. ¿Cómo son los toneles de pólvora? ¿Cómo son las camas de los oficiales? Y el autor, Rafael Torres, siempre estaba dispuesto a buscar esa información por todos los medios posibles hasta conseguir una respuesta. Una implicación como esta es una ayuda crucial para poder sacar adelante un proyecto como este.

Pero incluso a pesar de toda esta ayuda, por parte de la editorial y del autor, aún tuve que buscar muchas referencias por mi cuenta. Algunas pude encontrarlas en la red, pero fue especialmente útil la visita al Museo Naval de Madrid para entender cómo funcionan las velas y las jarcias en un navío de este tipo.

Al final de todo este trabajo he obtenido varias recompensas. Además de un libro del que siempre estaré orgullosos y que me recordará esta época tan especial de mi vida, me queda ese aprendizaje de un mundo tan complejo como apasionante. Siempre recordaré esos meses construyendo un navío de 74 cañones viajando a un mundo nuevo para mi a través de las imágenes.

Espero que este post te haya ayudado a comprender la importancia de un buen proceso de documentación durante la creación de tus ilustraciones científicas. ¿Y tú? Intentas ahorrarte detalles o eres un/a perfeccionista?